• Jaim Royo

es una carta





Hola,

a veces te veo en instagram.

Como te dije, procuro entretenerme con otras, pasar el rato en el sentido más tierno e inocente. Una chica que vive en Jerusalén dice que tú no quieres casarte conmigo. Te llamó la mujer de mi vida. Dijo: la mujer de tu vida no quiere casarse contigo. A mi ya me da igual, me da igual todo. Llega un momento en el que haces clic y estás contento con ser quien eres. Lo que D_os hace con nosotros, está bien. Sigo estudiando, escribo lo que puedo, sobrevivo de milagro aunque eso en realidad es lo normal y nos pasa a cada uno por mucho que no nos demos cuenta, recibo a los temporales del invierno sentado en mi escritorio y me imagino en Tel Aviv. Imaginar es un decir, en realidad nunca me fui de allí. Y allí se planta mi alma cuando rezo, cuando amo o cuando sueño despierto. Me acuerdo de nosotros en un supermercado árabe al que solíamos entrar a pasar el rato para que tu madre no sospechara. Allí te toqué el pecho y me regañaste porque tú comprabas todos los días en ese lugar. Entonces también me daba igual todo pero era por distinto motivo. Equivocarse es un modo de convertirte en el que eres. Una vez me dijiste que querías que pusiera orden en mi vida. Luego supe que orden en hebreo es tikún. Bueno, pues ya está. No es que yo haya conseguido nada, pero ya está. He llegado al fin de baile entero y sin pareja. Ese encanto peculiar de estar de vuelta hace que le guste a muchas porque aún parece que tengo menos años de los que tengo y mi ropa no se ha desgastado. Pues eso, las recibo, giro con ellas un tema y vuelvo a casa. En cuanto al trabajo, soy el único que cree en mi; y mi hija, claro. No voy a hablar de proyectos. Quiero decirte que quedan apenas cinco años antes de que nuestro mundo, verdaderamente, sea distinto. Hablar de la verdad es un riesgo demasiado grande, ahora no puedo permitírmelo. Prefiero sentarme en el parque HaKovshim, pasear por él como hacía aquellas noches mientras te amaba de cerca, y sonreír. No a nadie ni a nada, sonreír. Aquí en España siguen con esa moda del lenguaje inclusivo y la promoción de lo gay. Cuanto más lo promocionan, más paranoia les entra de que lo suyo está peligro. Y piden más y más, en una suerte de codicia o gula del ego, que, me temo, será autodestructiva. La sociedad europea está en una vorágine autodestructiva. Sí, suspiro, solo quiero volver a Israel. Me he dejado peiot y se ponen rubias por el sol y las olas. Voy a una mikveh entre las rocas cuando la marea está medio alta, voy aunque sea invierno, con mi chaqueta de pana que tú no conoces, mi sombrero de lana, mis botas, me desnudo ahí y ahí me visto luego. Supongo que siempre hay alguien que me ve, no desnudarme, porque las rocas me tapan, pero sí andar por la falda del monte. Aquí en el pueblo me ponen nombres: el judío, el freaki... Me resbala. Los de JaBaD me llaman de vez en cuando para hacer trabajos a los que no llegan, ahora preparo mi propio pan, mi propio vino y sigo la espiral de mi diseño caminando por esta eternidad regalada. Suertes acaba de llamar a la puerta, me acompaña. Es un gato bueno, fuerte y listo. Le puedo dejar solo cuando viajo a las fábricas o a Madrid para nuestras fiestas. Se ha echado novia, ya sabes, se la trajo del monte. Tengo enfrente el cuadro que me hizo tu madre, es como si ella hubiera anticipado aquella casita del Shvtei Israel en la que os dejé: ¡el cuadro la calca! En fin, la mezuzá que os puse tiene el alma de un Nombre que os protege del miedo.

Feliz Jánuca

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