• Jaim Royo

LA CARROZA ["El cabalista", extracto.]

Actualizado: 4 feb



Rezó como quien llora.

Rezar se dice fácil.

En general, es fácil hablar para todo lo que hay dentro de las palabras.

La gente habla a tontas y a locas y confunde el verbo pedir con el verbo rezar.

La gente no rezaría un paso más allá de la esperanza de satisfacer sus deseos.

La gente no sabe que rezar es un servicio doméstico en la casa del Rey.

Un acto de servidumbre, convertir tu voluntad en la Suya.

La gente prefiere servir a Bill Gates, Soros, Jack Dorsey y Zuckerberg.

Los reyes ateos: el Faraón.

La gente cree que este mundo no es de las almas.

No sabe que la realidad es una prueba de simulación.

Un mero entrenamiento del espíritu.

Nadie entrena tumbado a la bartola.

Nadie entrena retozando en la hierba una tarde de primavera.

Nadie entrena en la piscina con un cóctel de piña.

Se entrena en un gimnasio con tipos duros que te romperían la cara.

Y eso es el mundo para el alma: un entrenador personal.

«Llámalo demonio» le decían los ángeles a Samuel mientras rezaba. «Y cuanto más duro entrenas, más cerca estás de Él, Él más cerca de ti; hasta diluirte y ser Suyo. Entonces el Rey se pasea en carroza por Su mundo; la carroza eres tú y nadie te reconocerá nada porque sencillamente no pueden verlo, tú no eres nadie y a Él le gusta el anonimato.»



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