• Jaim Royo

Nunca me habían dicho eso

Actualizado: 13 jun


Ya no madrugan ni los chinos, si no fuera por el café estaríamos todos muertos. A uno se le van cayendo vicios como hojas del calendario. Y ahora perdónenme que insista: yo no escribo, no estoy en nada. De otro modo no podría soportarlo. No podría por ejemplo cuidar rosas para el vecino de tres cuadras más allá del metro más cercano. Yo, se ha ido. Ni siquiera vivo en la calle del Tesoro, solo duermo. Vivo por donde paso. Hace calor, las chicas están guapas, gano dinero. Bien, para un Perro Callejero. Decir, tengo tan poco, que a todas juro que las quiero. Que lo más bello parezca horroroso; si no, no vale. Las letras son un descosido, ¿quién llega a Por Fuera de los Nombres? Ése es mi pueblo, ahí estoy sentado, a la fresca.

Rata de Alcantarilla no contesta, debe estar sufriendo. Aceleras para llegar a la Luz y se desprenden jirones de piel, klipot las llamamos. No es fácil el viaje de retorno, pero el fin es el principio soñado: tú tienes una mujer buena, casa, trabajo, y fumas libre sin parar y tu madre encuentra los tefilin que te pones todos los días; yo, escribo por escribir, escribo para arreglar el salón, colocar en su sitio las fotos, colgar unas cortinas, doblar bien la manta del sofá y abrir la ventana para escuchar al mirlo; escribo para llenar el cuenco del gato, cambiarle el agua, dibujar un nuevo destino. Lo otro fue huír y huyendo aceleramos a la Luz que nos abrasó la piel hasta llegar a nosotros. No tengas miedo, Rata. Hemos pasado por lo mismo, D_os nos pela como a una cebolla, capa a capa hasta llegar al corazón.

En la comida de shabbat me toco una chica enfrente, Leah. Todos estábamos locos por Leah, es de Australia y sonreía y sus ojos no decían nada y nos bastaba.

Le dije:

- ¿Sabes qué es Leah en el lenguaje cabalístico?

- No - respondió.

- La sefirah Binah.

- Nunca me habían dicho eso -se sonrojó, fue tan amable de hacerlo.

Aunque era fácil que se sonrojase, tenía una timidez bien trabajada, era su encanto, ese tipo de timidez que a fuerza de inteligencia se convierte en un mar llano, en unos ojos negros, en la calma natural de un movimiento; en gacela. En saber que de un momento a otro hay un hilo dorado: nunca pasa nada. Lo dice la pausa, la pupila, de la presa entre las fauces del león, ahora ya en paz, sin lucha, porque lo ha entendido; lo dicen los corderos camino del shojet mientras deshollan a los suyos. No sigo.

Leah es binah, entendimiento. Está de viaje, creo que hoy iba a Toledo. Salió de la comida con el francés y yo me dormí la siesta pensando en otra.

Después di un paseo.

Malasaña, gente.

Escribir es un collage.

Mis dientes están blancos.

¿He dicho que mi gato se llama Suertes? Ayer fui a llamarle por el barrio norte donde vivía antes. Vino por la noche. Estaba muy triste, flojo, con un ojo infectado. Se dejó meter en el cajetín. Buscamos habitación.





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