LO JUDÍO
- Jaim Royo

- 17 dic 2025
- 2 Min. de lectura

Es el terror o la convivencia.
En los momentos más intensos de la guerra, las calles eran un hervidero de, no solo protestas multitudinarias a favor de HAMAS, las cuales, a fin de cuentas, tampoco eran lo más peligroso para el usuario Judío de a pie, sino, y, sobre todo, las calles eran un hervidero de odio cotidiano, doméstico y consentido contra Lo Judío. Durante dos años, hemos sido acosados, perseguidos, insultados y difamados por ciudadanos que se arrogaban el derecho de exigirte a la cara que te fueras de su país, sin ni siquiera preguntarse que, a lo mejor, también era el tuyo.
- Fuera de aquí, Judío.
Se arrogaban la superioridad de un verdugo sobre su víctima al decirte que habían puesto una bomba en tu coche, que les debías cuarenta mil muertos, que eras un asesino de niños, hijo de puta, ven aquí Judío, te estoy llamando, estáis acabados, viva Palestina libre y Allahu Akbar. ¿Se imaginan que esto sucediera entre vecinos o en el colegio de sus hijos a cuenta de cualquier otro asunto? Cada ejemplo de los descritos lo he vivido en persona. No solo eso, durante dos años, he recibido en mis dispositivos fotografías de, en fin, supuestos viejos amigos llevando camisetas con la esvástica, la boca del cañón de una pistola o de la diosa hindú de la destrucción con mensajes del tipo “sionista de mierda”. En tres ocasiones, he sido o tratado de ser agredido, y, en una de ellas, el agresor entró en una cafetería del centro de Madrid a pedir un cuchillo al camarero, quien, a Di_s gracias, tuvo la lucidez de no dárselo.
Luego vino la iniciativa de Trump y el subsiguiente Acuerdo de Paz. Era la forma de reconocer que la guerra tenía un vencedor, y, milagrosamente, desaparecieron las amenazas, las injurias, los insultos, el atosigamiento y la violencia que llevábamos soportando dos años en las calles del "mundo civilizado". Desaparecieron, incluso, los pañuelos palestinos que se ponen esos mismos ciudadanos ejemplares que odian Lo Judío. La razón era sencilla: habían perdido, habían sido derrotados.
Fue así hasta el atentado antisemita de Sidney en la playa de Bondi, en el que dos yihadistas se hartaron a matar Judíos de modo indiscriminado. Entonces, voceros del terror llamaron a escalar en la vorágine de violencia, globaliza la intifada, lo llaman, y, oh, sorpresa, en la calle se nos volvió a señalar y tratar como si fuéramos bestias sarnosas.
- ¡Perro Judío!
¿Lo entienden? Su odio aumenta con nuestra sangre, su nivel de exacerbación es directamente proporcional al número de víctimas Judías, y, si Di_s no lo quiera, el Estado de Israel cayera algún día, todas estas solidarias, buenas y humanitarias personas nos masacrarían por las esquinas de cualquier ciudad a lo largo y ancho del globo. El Judío lucha por la supervivencia, no dejaremos de hacer frente a aquellos que pretenden asustarnos, seguiremos encendiendo nuestras luces, cantando, bailando, comiendo dulces, brindando y levantándonos cuando vengan a matarnos para acabar con ellos primero. Porque si vienen a matarte, solo hay dos bandos.



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