• Jaim Royo

SOLO QUEDA HACER BELLEZA



Ya solo queda hacer de tanto dolor y de tanta pena, belleza.

Solo queda lo que siempre ha estado.

Lo único.

Los hijos, la sencillez de los días, el placer de beber un vaso de agua.

Lo que fue amor sigue vivo y es lo único que queda.

Cada palabra comprensiva.

Cada acto generoso.

Cada sonrisa limpia.

Cada silencio protector.

Cada oración sincera.

El resto se desmorona y no sirvió de nada advertirlo.

Pero aún estamos a tiempo de crear belleza mientras el mundo se disuelve.

Y estar seguros de que será lo único que prevalezca.

El amor, la verdad.

No importa cuán loca fue tu decisión de servirles y hasta donde hundiste tus pies en el empeño.

No importa que pareciese una derrota.

No importa que clavaran la injusticia en tu pobre corazón callado.

No importan las malas palabras que dejaron en su contra.

Cuando todo acabe, la catársis se cumpla, la vida se sacuda a estertores psicóticos y se derrumben las mentiras, falsedades, abalorios, torres, aún seguiran vivos el amor y la verdad. Nítidos, exactos ahora que lo supérfluo no los tapa. Lo que quede será amor, verdad, belleza; y lo demás, vergüenza a sus pies, mucha vergüenza.

Ya solo queda hacer belleza y nada más es lo que queda.

Estar contigo, hija mía, y que lo sientas.

Por encima de todas las piedras, ciudades y kilómetros, pero también en ellas, y entorno, sobre las más altas montañas, sobre las estrellas y cielos siderales pero también en ellos, y entorno: un padre dice te quiero mi princesa.

Eso queda.

Hoy, ayer, mañana.

Y sera él sol y la luna de tus hijos la misma luna y sol del primer día.


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